Dudaba entre dos tallas
Estaba entre la M y la L y al final me fui a los centímetros de la tabla, que es lo único que no engaña. La guía dice que entre dos tallas te quedes con la mayor, hice caso y pedí la L. Acerté.
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basado en 934 reseñas
Estaba entre la M y la L y al final me fui a los centímetros de la tabla, que es lo único que no engaña. La guía dice que entre dos tallas te quedes con la mayor, hice caso y pedí la L. Acerté.
Los bolsillos son de los que sirven: el móvil y las llaves dentro y no abulta.
Ajustas los tirantes una vez y ya te olvidas.
He pagado más por monos que luego no me pongo. Este lo he llevado tres veces en dos semanas. Por lo que cuesta me esperaba algo mucho más justo y las costuras están rematadas como toca.
Lo pedí para diario y queda más ancho de lo que yo pensaba. A mí me vale, ceñido no es.
Entro y salgo todo el día y no me estorba nada.
Sirve igual para la mañana que para cenar fuera, con cambiar las sandalias.
El bordado del pecho fue lo que me decidió, se ve cosido y no estampado. Y además es de las pocas prendas que van tan cómodas y no parece que hayas salido en ropa de andar por casa.
Tardó más de lo que yo tenía pensado, pero me lo probé y se me pasó.
Lo cogí en gris y ya estoy mirando el azul.

NUESTRA ESENCIA
Hay una forma de vestir en el sur que no necesita presentación: ropa que se lleva sin esfuerzo, que respira con el clima y que combina con todo. De ahí nace Ana Marbella.
Elegimos cada prenda a mano, una por una. Tejidos que sientan bien, cortes pensados para cuerpos reales y no para maniquíes, piezas que dentro de cinco años seguirán teniendo sentido en tu armario. La ropa se hace para quien la lleva, y no al revés.
Por eso trabajamos todas las tallas, sin que ninguna sea la excepción: a los treinta, a los cincuenta y a los sesenta y cinco no se busca lo mismo.
Elegancia sin alboroto, calidad sin etiquetas.