Aguanto el turno entero
Me paso casi toda la jornada de pie en un almacén y llegaba a casa arrastrando los pies. Con estos acabo mucho mejor. El arco va sujeto y la suela no es una tabla, y además no pesan.
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basado en 664 reseñas
Me paso casi toda la jornada de pie en un almacén y llegaba a casa arrastrando los pies. Con estos acabo mucho mejor. El arco va sujeto y la suela no es una tabla, y además no pesan.
Los llevo con vaquero y con pantalón de vestir. Nadie diría lo que llevan dentro.
Desde el primer día se pusieron bien, sin domarlos.
Por lo que costaba me esperaba un zapato flojo y me encontré lo contrario. El empeine cede al andar y las costuras están bien rematadas. Los he puesto al lado de unos de marca y no desmerecen.
Lo tengo fuerte y mi número de siempre iba justo. Menos mal que miré los centímetros.
Con los de antes acababa con el pie húmedo. Con estos no.
Le medí el pie y pedí por los centímetros de la guía. Ya no se los quita.
Los llevo todos los días desde que llegaron, entre el trabajo y los recados, y siguen con la misma forma. No se han abierto de los lados ni se ha hundido el talón, que es lo que me pasa siempre.
El envío se hizo largo. El zapato compensa, pero más vale saberlo antes de pedir.
Los pedí negros para el trabajo. Ahora quiero el marrón.

NUESTRA ESENCIA
Hay una forma de vestir en el sur que no necesita presentación: ropa que se lleva sin esfuerzo, que respira con el clima y que combina con todo. De ahí nace Ana Marbella.
Elegimos cada prenda a mano, una por una. Tejidos que sientan bien, cortes pensados para cuerpos reales y no para maniquíes, piezas que dentro de cinco años seguirán teniendo sentido en tu armario. La ropa se hace para quien la lleva, y no al revés.
Por eso trabajamos todas las tallas, sin que ninguna sea la excepción: a los treinta, a los cincuenta y a los sesenta y cinco no se busca lo mismo.
Elegancia sin alboroto, calidad sin etiquetas.